jueves, 7 de febrero de 2013

Grande



Que las cosas grandes, grandes, son las que no se dicen. No importa que no lo sepas, ni que no estemos. No es nada si aprendes a guardarlo todo muy adentro. Para que nada se destruya, para que el mundo no tenga la capacidad de ensuciar (te). Nada de esto empezó por ti, y eso que ya estabas. No todas las teles se ven en HD, y eso que yo no veo la tele. La verdad tampoco sirve para nada. Para resarcir, tal vez. La conciencia y esas cosas absurdas que tienen más que ver con religiones sectarias que con la vida. Que te perdonara valió para lo mismo que servirá que tú me perdones ahora. En tus ojos veo que arrastras mi pasado. Lo veo cada día, cada vez que me besas o me miras mientras amanece y crees que duermo. Lo sé. Del mismo modo que sé que nos hemos dicho todo sin tener que recurrir a un lenguaje que no forma parte del de las lenguas de verdad. Igual que tú y yo. Igual que las cosas grandes, grandes.

 Aunque tú no lo sepas (Quique González).

domingo, 23 de septiembre de 2012

Now



Ha vuelto a llover. Y el viento, ese viento. El mismo que ha matado al verano y cerrado las ventanas para siempre. Da igual lo que pase, ni siquiera sé decirte si sabré diferenciar que estemos muertos. Si me quieres qué más da.

Hoy vuelvo a ser esto. Y esto.


viernes, 14 de septiembre de 2012

It started to rain


Me hace gracia cuando dices que los lugares no son nada si no estamos nosotros. Cuando grito y me aprietas y Madrid se vuelve más denso, más lento. Yo también te hago gracia, creo. Porque hablas y hablas y cuando terminas dices que los ojos se me convierten en grande. En grande, sí. Porque sonríes detrás de los deberes que te llevas a tu casa mientras te rompo las paredes buscando un mechero que encienda un cigarro que ya no me dará paz. Te hago gracia, dices. Porque digo que si algún día te viera llorar sé que lo harías sonriendo. Porque mojas el suelo y yo lo piso y a las cuatro de la mañana me miras cuando todo gira y empezamos a llover.

Holly Golightly (There's an End)

lunes, 4 de julio de 2011

sábado, 2 de julio de 2011

Encima o nada


El verano se había apoderado de mí y ya no estaba para gilipolleces. Más que puta era egoísta y finalmente la vida era lo que era, sólo tenía que aceptar las cuatro evidencias a las que se reducía todo. También debía aceptar lo de los monstruos. Al fin y al cabo nadie dijo nunca que todo sería rojo. Acabar con todas las materias pendientes se convirtió en el clásico deberes santillana. Ya no estaba tampoco para transcendentalismos, ya no iba con el pecho rajado ni con el corazón mal arrancado por las esquinas. Ya no. La catarsis parecía inminente, inevitable. En el fin de toda acción estaba la clave de todo, y hasta el momento, era como haber vivido a ciegas, como si toda interacción hubiese estado asociada a danzar por un invierno infinito, a tientas. Quizá era momento de enterrar a la lluvia. Adentro, muy adentro. Tal vez me había aproximado tanto al abismo Caroline, que sobrevivir tenía mucho que ver con echarle al sol ese pulso terrorífico. Con mirarme al espejo y saltar por los aires un microsegundo después del estallido multicolor. La vida era lo que era, sí; pero eso seguiría dando igual.

Me adentraba en el verano más asesino y encarnizado de los últimos años y, COMBATIRME en un cara a cara a mirada de lobo frente a la luna, irremediablemente, se había convertido en el único objetivo. Caminaba por la estación más enemiga de todas y me la follaba a horcajadas a un ritmo tan preciso, que la renovación celular se impuso a todo lo demás. Que resultó no ser nada, todo lo demás. Que no era luz. Que no era yo, ni tenía nada que ver conmigo o con el verano al que vencería en el pulso y del que pensaba vivir cada instante que había malgastado en el pasado capulleando (seh, de capullear, ya sabéis), necesariamente, para llegar hasta aquí.

Luego, pistoletazo al cielo y el mundo se dio la vuelta como si tuviera la necesidad de proyectarme hasta el infinito y advertirme sobre algo. Alguien apuntó a mi pulmón izquierdo a quemarropa y, todos, absolutamente todos los chicos de., implosionaron dejando un humo gris suspendido en el tiempo. Fue entonces cuando la realidad me devolvió al punto de partida, cuando supe que siempre había sido él.


-Mil gracias a todos los que siempre tenéis palabras para mí. A los que vienen en silencio y nunca dicen nada.
A los que se fueron, y a los que me hacen sonreír.
Gracias por compartir conmigo este estado mío abrumadoramente demencial.
Gracias por todo este tiempo ;)