martes, 1 de septiembre de 2015


Era como si agosto hubiese querido cerrar con ese par de tormentas. Se acabó. Esperaba que dijera algo y él hacía lo mismo, pero el silencio y los cojones era algo que se nos daba tan bien como recorrernos la piel con la lengua. Para mi tranquilidad se acercaba el otoño con sus lluvias, con su aroma, con sus ganas de. Me calmaba tanto sentir el frío... como si fuera un icono de supervivencia. Apenas quedaban chicos de. en mi vida, pero ese pelo acariciándome la espalda en cada ida y venida, no pude olvidarlo. No me soportaba por ello. Me merecía que todos los monstruos del mundo me comieran viva. Iba y volvía a la oficina, taciturna, evocando el olor a cuero. Escuchando los golpes sordos de su piel en la mía. Querer, que se dice. Querer que la tercera tormenta pudiera esta vez arrancárnoslo todo.

viernes, 31 de julio de 2015

Agosto II

Esta vez no eran los monstruos, ni el frío ni el miedo. Esta vez era mucho peor: se trataba de pánico. Terror al dormir, al despertar, besar y respirar.

Habíamos probado todo, sin llegar a hacerlo. Alejarme al anochecer hasta el descampado que hay detrás de casa a escuchar el motor de los autobuses, ya no causaba el mismo efecto. Le sentía en todas partes, ni siquiera el más ensordecedor de los silencios tenía la capacidad de acallar aquello. Le notaba al despertar, en la ducha, en la oficina, en el metro. Cualquier pared de esta ciudad sería buena opción para nosotros. Cualquier bar, callejón, y carretera sin manta: sólo suelo.
Allí, sentada sobre la maleta, sola. En el descampado que sigue detrás de casa desde donde hace años lloví mojándolo todo intentaba controlar el dolor de ombligo, por no decir las ganas de follar. Contigo, ya sabes. Me concentraba en tararear aquella canción, en controlar el ritmo de la respiración, en dormir, en no pensar. Pero mañana volvía a ser agosto.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Agosto


Casi muero, pero el "casi" ha sido mi mayor oportunidad. Ahora ya no hay tristeza para escribir cosas bonitas. Ya no hay llantos, casi, en realidad. Ya no quedan noches eternas que alimenten aquel vacío. Ni tú. Ni espirales enloquecidas para recordarme lo que pudo haber sido. 

Sólo hay lo que hay. Lo que ves. Poco o mucho, pero es lo único que soy.

jueves, 15 de agosto de 2013

Peor


Querías como si me hubieses olido durante semanas  y nunca me hubieses tocado. Yo quería. Quería como los niños la hora de los cuentos. Como me querían tus ojos y tus manos. Quería. Con la intensidad de los que mienten, con el dolor de los que saben porque ven. 

De la perfección pasamos a estar en entredicho. Dudas, porque sabes que yo más. Aquello que parecía inmaculado se vio teñido por unas bragas olvidadas en una habitación de hotel. Queríamos, pero ¿y qué?

De haberlo sabido (Quique González/Rebeca Jiménez).

martes, 4 de junio de 2013

Mentir y mentir

Inventárselo todo. Imaginar y mentir, mentir e imaginar. Creértelo. Sacudirse bajo la necesidad de agarrarse a algo por más aire que sea. Como los sueños, que al final terminan no siendo salvo en la cama. Como nosotros, supongo. La música quieta y la carretera muerta que al amanecer me lleva a tu casa. El olor a todo. A mojado, a ti, a la manta del coche, a tu respiración y a la lluvia, claro. Después no queda nada. Que nada es peor que cualquier cosa mala. Es peor que el dolor-dolor, peor que la pena o peor que tú y que yo.

Dallas-Memphis (Quique González).

Rompeolas (Quique González).

jueves, 7 de febrero de 2013

Grande



Que las cosas grandes, grandes, son las que no se dicen. No importa que no lo sepas, ni que no estemos. No es nada si aprendes a guardarlo todo muy adentro. Para que nada se destruya, para que el mundo no tenga la capacidad de ensuciar (te). Nada de esto empezó por ti, y eso que ya estabas. No todas las teles se ven en HD, y eso que yo no veo la tele. La verdad tampoco sirve para nada. Para resarcir, tal vez. La conciencia y esas cosas absurdas que tienen más que ver con religiones sectarias que con la vida. Que te perdonara valió para lo mismo que servirá que tú me perdones ahora. En tus ojos veo que arrastras mi pasado. Lo veo cada día, cada vez que me besas o me miras mientras amanece y crees que duermo. Lo sé. Del mismo modo que sé que nos hemos dicho todo sin tener que recurrir a un lenguaje que no forma parte del de las lenguas de verdad. Igual que tú y yo. Igual que las cosas grandes, grandes.

 Aunque tú no lo sepas (Quique González).

domingo, 23 de septiembre de 2012

Now



Ha vuelto a llover. Y el viento, ese viento. El mismo que ha matado al verano y cerrado las ventanas para siempre. Da igual lo que pase, ni siquiera sé decirte si sabré diferenciar que estemos muertos. Si me quieres qué más da.

Hoy vuelvo a ser esto. Y esto.