lunes, 25 de abril de 2011

Say something


Poco a poco los pares de extremidades se fueron levantando del pasillo. Todas las piernas sin contar las propias, claro. Los recuerdos de aquellos días son confusos, pero sé que mi madre cogió ropa de su casa y se instaló en la mía. Ella sabía lo que había pasado sin que yo tuviese que explicarle nada. Ella lo sabía todo. Siempre. Igual que él. La última vía era imposible de imaginar; seguía muda, inmersa en el infierno. Se instaló día y noche conmigo en el pasillo. Trajo un par de almohadas y una manta enorme y allí pasamos muchos días en silencio. No me preguntaba, no decía nada; tan sólo se apoyaba en la pared recogiendo mi cabeza en su regazo. Besaba mi frente, secaba el sudor frío de mi espalda, me acariciaba el pelo y me cantaba todas las canciones que me gustaban cuando era una niña. Tú y ella erais los únicos que sabíais que la imagen que yo proyectaba al mundo era puro teatro, pura falacia. Vosotros dos erais los únicos que veíais mi alma desnuda, que me desmontabais con una sola mirada. Vosotros erais los únicos que sabíais que no había dejado de ser una cría, erais los únicos que seguíais llamándome "niña".

Ni siquiera sé en qué pensaba durante aquellos días. Ni una sola lágrima. Ni un sólo ruido era capaz de romper aquella paz espectral, salvo los cantos de mi madre cosiéndome la vida. A veces te imaginaba con tu gabardina de cuero vieja mientras el frío eyaculaba hielo sobre tus costillas. Un frío que en aquel momento no padecías y, sin embargo, iría anidando entre tus vértebras, poco a poco. Era una lástima que supieras de todo, que la vida nunca te pudiese jugar malas pasadas a causa de esa anticipación tuya de las cosas; esa sabiduría tuya. Afilada, puntiaguda. Negándote a ti mismo y maldiciéndome a mí en el caos más incoherente. Yo, de chica angustia a chica lluvia, deseaba pensar que estarías en alguna cama resucitando fugazmente entre algún par de manos extrañas. Y no me dolía. Lo que hacía que ardiera mi alma, era imaginar tu llanto drogado después de trepar hasta el cielo enganchado a tanta quimera porque, sabía que de algún modo, seguías pensando en mí hasta que todo empezaba a girar y a girarte y dar vueltas. Porque seguía creyendo que me querías. Y seguía rota en el suelo de aquella casa, intentando establecer contigo una absurda conexión porque siempre he creído que cuando piensas intensamente en alguien, chorrea la magia hasta de las paredes. Que el cosmos, a veces, entiende de amores cuando son magnánimos, cuando sabes proyectar bien los deseos en el cielo o en el infierno; y por eso mis vísceras gritaban sin descanso tu nombre. Sin aliento. Evocando todo aquello que ya nunca iba a volver a ser.

Pero estaba claro que aquella huelga irracional no podía extenderse durante mucho más tiempo. Permanecía inmóvil, invocándote al vacío de todos los amaneceres que me veían morir lentamente, que me observaban languidecer cada día con cada puesta de sol. Allí, escuchando los pies descalzos de los de arriba contra el suelo, la televisión de los de abajo, las risas, y hasta el sonido de chorro amarillo de los de al lado. Debía parecer una jodida enferma mental, una imbécil...

Una noche desperté acurrucada entre los brazos de mi madre, y la escuché llorar de un modo sobrecogedor. Me asusté. Y entonces supe que era cuestión de reír o llorar. De amor u odio. De vivir o morir. Y exploté. Reventé, siendo las lágrimas de mi madre mi particular detonador. Y grité hasta desgarrarme la garganta, hasta creer que aquello sería el principio o el fin. El todo o la nada.

-Cariño, no puedes seguir así. Dime algo, por favor. Reacciona o me moriré contigo en medio de esta pena.

Después del grito, una luz debió instalarse en el centro de mi pecho. Como una bola de sangre que abrió paso a mi voz olvidada.

-Mamá, no me dejes sola.

Retroceso de lágrimas en el rostro de mi madre y el renacer de las mías. Y fue entonces cuando ella sonrió antes de abrazarme hasta el amanecer.


17 comentarios:

Rapanuy dijo...

Este asolado Déjà vu ha zarandeado mi ser, de nuevo, como si de un frágil árbol se tratase y ha conseguido precipitar al suelo la fruta madura contenida en sus ramas, sembrando nuevas vidas que configurarán, no lo dudes, esperanzadores futuros.

Besos. ;)ombli

Asolada dijo...

¿Te acuerdas, ombligo? No sé cuál es la razón, pero últimamente sufro regresiones como sin querer. Como si fuera algo necesario, no sé. Qué sería de mi vida bloggera sin los árboles (que una vez fui árbol, recuerda, recuerda) y los cafés (para mí té, por favor) llenos de, entre otras cosas, toda esa fantasía umbilical :D

Un beso

Marián dijo...

Ay¡¡...Asolada...has recobrado la memoria...y me has conmovido casi hasta las lágrimas...tu manantial, no de lágrimas, sino de gritos de escritura, ese don inagotable no lo dejes encerrado en tu alma...dánoslo aunque sólo sea de vez en cuando y a pequeñas dosis...
Muchos besos

Elena Lechuga dijo...

Siempre he pensado que nacemos más veces de las que morimos. Nadie como tú para describirlo.
Beso de lluvia amigüita

El hombre de Alabama dijo...

Bueno.
Nunca estás sola.
No está mal, visto así.

Room dijo...

Las vértebras apenas sostienen un cuerpo deshabitado. Como el mío, envuelto en una nube de humo, luchando por conseguir que el aire limpio llegue y respire. Deporte, para mantenerme y despejar mi mente de ataduras invisibles y desgarros hirientes. En definitiva, trato de no parecer un zombi y caminar sin ideas. Estimular la mente y ejercitar la creatividad. Pero no soy perfecto... a veces tengo recaídas y me dejo llevar por la inercia. Por las sombras invisibles que no veo, pero que están. Golpeo la mesa y miro los árboles... exhalo un suspiro y cojo un bolígrafo. Tomo notas, apuntes... quién sabe cuando puede empezar.
¡Un saludo!!

Asolada dijo...

Marián, tienes razón en eso que dices de recuperar la memoria. Es... como la salida de un coma profundo. Nunca dejamos ser lo que hemos sido alguna vez, en alguna otra parte. Pero también es cierto que el despertar es diferente, porque aunque el pasado forme parte de nosotros, nunca se vuelve a ser lo mismo (cosa que me alegra ya que es signo de evolución).
(Hay que joderse, Marián, lo que me haces desbarrar)
Gracias :)

Cierto, amiguita, nacemos muchas más. Yo habré nacido así como una al año. Unas veintiocho (es que ahora me toca en mayo).
Un besazo.

Hombre de Alabama, yo opino todo lo contrario. Siempre estamos solos. La compañía es circunstancial porque, un sólo revés, puede cambiarlo todo.

Quizá, Room, no tienes que tratar aparentar nada. Tal vez es que en esta vida sólo hay que ser. Mientras trastas de. ya estás siendo algo, ¿no te parece?

Hyku dijo...

La soledad acompañada tiene estos arrebatos, estos arranques de víscera y vida que permiten ponerse de nuevo a caminar.

Besos expectantes

Butter dijo...

Amiga mía,querida, me he mudado de blog.

Me pillas aquí a partir de ahora. Un gran besazo.

Lunática (R.) dijo...

te leo y tengo que tragarme las lágrimas y pensar en cosas alegres; si me dejo llevar estallo, doy la vuelta al mundo, hago retroceder los relojes y me tiro en el suelo del pasillo contigo...

El Drac dijo...

Nunca había tenido oportunidad de conocer un testimonio similar, me he quedado sorpredido; pienso que es como volver del más allá. Un abrazo

Anónimo dijo...

buuuuu

;)

Curiyú dijo...

Me encanta esta versión de Chica lluvia, y que no pare de llover hasta limpiar la superficie de basura.

nobody as himself dijo...

Precioso, emotivo y muy intenso.
Podría describir mis sensaciones al leer este texto tuyo, pero creo que no acabaría nunca :)
Has conseguido que me recorra un escalofrío por la espalda, otra vez.


un abrazo y sigue escribiendo así de bien.

Mario dijo...

No suelo hacer excepciones y no suelo comentar de inmediato. Lo que hago, tras disfrutar, letra mediante, de tus regresiones, o de las de otros, es quedarme varado en esa barra de bar con forma de orilla, en esa chimenea por la que el fuego expulsa el humo de las almas que el cosmos se encarga de escupir. Digo, que no hago excepciones, que leo, que disfruto y que, tras pasar unos días-momentos, vuelvo aquí-ahí-allí y comento y digo lo que me ha parecido de sobrecogedor, o las manifestaciones de gozo y dolor que se enquistan en cada poro de mi piel como si se tratase de dagas envenenadas de placer.

Este texto tuyo me ha parecido diferente. La familia, la madre, la letra, el llanto escrito y recíproco. Y están esas frases que parecen empujar unas veces, acariciar otras, y sacar siempre del aturdimiento.

Felicidades por tu forma, por tus motivos, por tu equipaje...

Un abrazo, de aquellos, sí.

Mario

Laura Caro dijo...

Madre no ha más que una... pero tú eres única, genial... Tienes una creatividad alucinante.
Me asalta la duda. ¿ Te puse Sobre o en el efecto tortuga no me di cuenta de tu talento?
Yo creo en ti. Y mucho.
Un beso.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Que buena banda, flaca!