sábado, 26 de marzo de 2011

Digamos que me importas un pijo


Lo poco que quedaba se convirtió en histérica nada. Nada de nada. Hasta el dolor pareció adquirir su tono habitual. Era como si la sangre, lejos de llegar al río, hubiese cogido posición en la entrada de cada arteria para fluir por todos los conductos hasta recuperar el color de cada sueño, de cada pensamiento, de cada horror. Nada, ya sabes. Igual que un cero rebotando enloquecido por todas las membranas de lo que aparentemente es un cuerpo no celeste. Como un eco propagándose en el horizonte de una cordillera hasta desaparecer por completo. El vacío de tu vida en la mía. El silencio de tu pelo, miserable, regateando llagas y cosquillas con mi espalda. El sonido del aire cuando en el pulso me he liberado de tu olor y del acoplamiento perfecto de tu sexo haciendo ventosa contra las paredes de mi corazón.

Se ha congelado la tormenta y ahora sólo estoy yo, chica lluvia; girando en el techo de mi habitación frente a un gran iceberg que despunta en un Madrid que huele a helados de menta y primavera.

La vuelta al mundo. La llegada a mí. Ahora, inevitablemente.

Grails (Satori)

jueves, 17 de marzo de 2011

Ardes


Y ahora sólo queda el pánico reptándonos por debajo de la ropa. Y ganas, volatilizándose a medio camino y dividiéndose entre tu espacio y el mío. Desazón, porque a base de sonidos muertos hemos ido enmarañándolo todo. Silencio, porque matemáticamente es absolutamente imposible retorcer más las palabras. Tristeza, concupiscencia, quebranto; porque tanto vicio cristalizado en la cruz de una moneda sólo podía reflejar la cara de un aquí te mato.

Y tus restos arderán mañana con la salida del sol en alguna parte de Madrid; pero de pronto, yo me siento de lo más cómoda.

Y para muestra un botón. La música a chorros contra mi pared, y tú emulsionas al ras de mis costillas dejando al fin de ser mi todo.

martes, 1 de marzo de 2011

Finish


Blanco. De repente esta mañana todo amaneció blanco en el lugar donde habitaban las sombras. Tan sólo luz en el rincón desde el que acechabas tú. Y sol en el parque de El Retiro. Grande, bien grande. Sol por encima del blanco de las nubes contraponiéndose a tiempo y a viento. Música en la boca del metro donde me jugué los cuartos contigo, donde la noche de un noviembre triste la luna me devoró atrapándome en ti. Rumbo al matadero que ha sido tu sexo, y directa al final de una historia que yo me he negado a cerrar porque no sé decir adiós cuando no es tiempo de. Ya ni siquiera guardo insultos de amor que dedicarte, idiota. Ya no. Ya no tú.

Naranja. Tu rojo ha ido apagándose y mi vida se ha teñido de naranja, como yo. Como los atardeceres que había perdido de vista porque sin darme cuenta te había dado el lugar de mi todo. Como a veces tú. Del mismo naranja que las sábanas de tu cama y de aquel pareo ibicenco tan jodidamente espantoso. Ya no estás. Ya no. Ya no, estúpida.

Y azul. Azul como el fondo de los sueños a los que una vez quisimos darle algún extraño significado, como el espejo que jamás nos devolvió ningún reflejo porque esta noche sí puedo decirte que tristemente no éramos. Como tu calle, como tus ojos, como tu sangre, como tu luz. Así de azul. Como el cielo que en las últimas horas me ha visto vencerme a tu pulso soltándome al fin de tu mano. Dejándote ahí. Suspendido en la nada en la que siempre has estado y de la que no debí querer sacarte nunca. Porque sarna con gusto no pica, pero tampoco hay mal que cien años dure. Y no ibas a ser tú. Porque no. Porque ahora sí. Un cigarro sobre el campo de batalla y dos últimas cruces sobre tu nombre y todo se viste de fácil. Así que ahora sólo ven. Acércate y escúchame bien.

Finish, close, game over. Se acabó.

(Para siempre).


Oh! How The Dogs Stack Up (Mogwai)