jueves, 16 de junio de 2011

Desde atrás


El salón se llenó de monstruos y corrimos a refugiarnos en el baño. En el supuesto caso de haber sido rojos no me hubiese importado, pero estaban cubiertos por una gruesa capa metálica que avanzaba arañándolo todo. Quisimos entender aquello como una señal, como el primer coletazo del fin del mundo. La sangre que brotaba de las paredes comenzó a filtrarse por debajo de la puerta justo cuando el dedo índice de tu mano derecha recorría la línea de mi mandíbula. Justo cuando el dedo corazón de mi mano izquierda se alzaba a la altura de tu barba de once días. Aquella fue la primera vez que me atreví a mirarte con nocturnidad y alevosía. Aquel fue el día en que engrosé notoriamente la lista de las verdades a un cuarto. Pero todo daba igual, salvo tu pecho agitado arriba y abajo y yo cayéndote en picado. Nada fue lo suficientemente terrorífico para impedir que tu lengua deshiciera mi dedo y que mi boca se comiera a la tuya. Ni la sangre, ni las dudas, los pactos suicidas, o el ruido de los monstruos devorando los libros y el mobiliario del salón. Supongo que el hecho de ser expertos en caer estrepitosamente, hizo que en un arrebato de valentía, reventaras la puerta izando lentamente mis manos hasta la perpendicular del espejo. Me agarré muy fuerte a la parte alta del cerco y el sonido del metal murió cuando susurraste sonriendo todo lo que me odiabas, lo mucho que me querías. Y fue entonces cuando el fin del mundo empezó a girar con amor y furia desde atrás.

Wild Tigers I Have Known (Emily Jane White)