miércoles, 30 de noviembre de 2011

Winter


Mis rodillas fueron el paraíso para todos tus demonios, pero tu carne fue la calamidad más grande que jamás me echaría a la boca. Amanecía y el sol chorreó sobre nuestros cuerpos iluminándonos antes de que fuera demasiado tarde. Y tú no decías nada. Nada de nada. Las emociones muertas se deshacían piernas abajo y yo ascendía con la misma pasión con que suplicaban tus puños apresando mi pelo. Luego estaba el tiempo, siempre el tiempo. Como si se tratara del escenario que daba lugar a lo que en realidad no era nada. Nada. Como el sentido del espacio detenido en el interior de tus dedos. En el fondo del lugar donde habita toda la inmundicia de mi corazón.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Yo

La desnudez llegó cuando el miedo se hizo con todo. Cuando ganar había perdido significado dentro de las ideas estúpidas. Cuando perder no era nada. Pero nada. Sino un verbo como cualquier otro. Porque ¿perder qué? Sin embargo el invierno había vuelto y ahora tenía trescientas mil mentiras menos que esconder.