viernes, 6 de noviembre de 2015




Anduve calle arriba mientras Madrid me llovía con furia. Anduve mojada. Ida. Con la sensación de escuchar música distorsionada. Quizá fue por el agua que no notaba. Por lo que no te dije, por lo que dijiste o por lo que hubiese sobrado decir. Acababa de pasar pero no recordaba prácticamente nada, tan sólo habíamos sido rápidos fogonazos de luz, de silencio, de menta, de oscuridad. No sabría decir si chorreábamos juntos. Si tanto ruido fue sólo el preludio del contacto entre tu lengua y la mía. Si tanto tiempo fue para enseñarme que la vida es tan sencilla como cuando tu piel me roza suave y el mundo gira a través de los cristales de tu nave y mi risa. Tal vez sólo fuimos una tarde de octubre, una voz perdida. La humedad de mi coño en tu nombre y luego en mi boca y más tarde en la tuya.
Calle arriba, distraída, mareada, sin bragas y desde que respirar había dejado de ser una capacidad absurda para transformarse en una cuestión vital, pensaba que de todo lo tuyo, de todo lo mío, de entre todo lo nuestro, habría dado cualquier cosa para que la lluvia no borrase el beso que me dejaste puesto en la nariz, cerdo.






4 comentarios:

Marián dijo...

Un beso enorme, Asolada.

Take it easy! dijo...

Sigues escribiendo con esa visceral forma de siempre. Me encanta. Grata sorpresa ver que aún sigues pasándote a escribir de tanto en tanto... Voy a tener que seguir el ejemplo.

Un beso,

Take!

Asolada dijo...

Han pasado siglos, joder; qué sorpresa. Me alegro de verte...

Besos

Asolada dijo...

Para ti otro igual, Marián.